En los años 80, Billy Idol encarnó el exceso en todas sus formas. Famoso por su presencia eléctrica en el escenario y sus himnos de rock, el artista británico también fue protagonista de episodios marcados por el consumo de heroína, alcohol y fiestas sin control.
“Mi vida consistía en interminables mujeres y motos, además de una dieta constante de marihuana, cocaína, éxtasis, heroína, opio y barbitúricos,” escribió en sus memorias.
Por muchos años, el mismo Idol admitió haber estado “flotando en una cuerda floja entre la vida y la muerte”. La cultura del rock lo empujaba a mantenerse activo toda la noche y repetir los excesos sin descanso: “En los 80, podía beber vodka sin parar en el escenario porque ni siquiera podía oírme cantar. Aquella época fue demencial,” explicó a Daily Mail.
El accidente de motocicleta que sufrió en 1990 fue el golpe definitivo. “Empecé a pensar que debía intentar salir adelante y dejar de ser un drogadicto y cosas así”, contó el intérprete de Eyes Without a Face en una entrevista con People. El impacto no solo puso en riesgo su vida, sino que le dejó una varilla de acero en la pierna. Ese episodio lo llevó a repensar su futuro y buscar una salida.